lunes, 29 de agosto de 2011

Revoluciones en el mundo árabe


Por Javier Schulze y Félix Valiente

Revoluciones en el mundo árabe y Occidente 

Magreb, es la traducción al español de una palabra de origen árabe que significa “lugar donde se pone el sol”; lamentablemente la luz todavía no se ve en algunos de los países de esta zona, donde la sociedad lucha día a día, por los derechos humanos y las garantías democráticas.     
La denominada por los medios “Primavera Árabe”, no es la primera ni la única revolución norafricana, pero si se destaca por ser la primera oleada de protestas laicas y democráticas de este siglo. Según expertos, el detonante que generó al movimiento fue la situación de Túnez en 2010, que tras sufrir fuertemente el desempleo y soportar regímenes corruptos y autoritarios, desencadenó un levantamiento popular.
Ya cansados de sus regímenes dictatoriales y con una furia latente influenciada por ideas occidentales, algunos países del norte de África cómo Tunez, Argelia, Libia y Egipto, se revelaron en busca de mejores condiciones de vida. El precio de los alimentos, la falta de trabajo, la petición de libertades y de derechos democráticos estuvieron en boca de todos, sin embargo, a medida que los meses pasan, muchos de los conflictos revolucionarios persisten y parecen no tener una solución cercana.                                                                                
El Magreb está pasando por un “proceso de occidentalización” en donde la gente tiene estudios y está capacitada, pero no tiene trabajo. La construcción política del mundo árabe se ha caído simultáneamente, los ciudadanos quieren una vida política y económica digna.                                  
Lo cierto es que los gobiernos árabes nacidos entre 1950 y 1970, en pleno auge nacionalista, se fueron tornando en regímenes represores que no permitían ni siquiera una oposición política. Más allá de las pésimas condiciones de vida y el desempleo previamente nombrados, se han radicado faltas de libertades, injusticia social y una creciente militarización de los países como medio de coacción y represión, tal es el caso del gobierno de Libia.                                                                    
El líder libio Muammar Khadaffi, se niega a abandonar su cargo después de 42 años de poder y sigue en una constante lucha con la Organización de Naciones Unidas, quien intenta proveer asistencia y protección a la población del país.    La gente huye de las ciudades aunque no tenga a donde ir, muchos no tienen ni documentos ni dinero ni destino, sólo les importa estar a salvo.                                             
El momento actual de la “Primavera Árabe” no es muy alentador. Como llegó a preverse, terminó por generar una crisis energética en occidente. Muchos de los principales productores mundiales de petróleo son países del Oriente Medio. Sea cual sea el desenlace de estas revueltas el mundo del petróleo no volverá  ser el mismo. Había un orden mantenido por los europeos que está desapareciendo a raíz de estos disturbios, por eso ahora estamos cerca del fin del petróleo accesible y de sobra, vaticinando que los precios de los alimentos también podrían aumentar.
En otro aspecto económico, el Instituto Internacional de Finanzas predice un marcado declive en el crecimiento interno de todos los países donde se produjeron las revueltas de los últimos meses. Egipto, Maruecos y Tunez pasarán de un crecimiento del 4,4% al 0,5% anual.                                                                                             
Las noticias más alentadoras dentro de este panorama lamentable, vienen de Egipto. Tras cuatro años de bloqueo, ahora los palestinos podrán atravesar diaria y libremente la frontera entre Rafah y Gaza. Las insurrecciones populares encabezadas por grupos de jóvenes han depuesto los regimenes autoritarios de Egipto y Túnez. Actualmente movimientos similares se siguen planteando en otras naciones del Magreb, en un desafío contra la autocracia gobernante, no solo en Libia, sino también en Siria y Yemen.                                                                                                  
En Síria, el presidente Bashar al Asad continúa empujando a sus compatriotas a un exilio en Turquía bajo el miedo de una represión de un régimen que ya ha matado a miles de personas. Por su parte, en Yemen, Ali Abdullah Saleh, máximo mandatario, se refugió en Arabia Saudita luego de resultar herido tras sufrir un atentado por la negativa de abandonar el poder. Una situación complicada en un país que comienza a emergerse en una guerra civil.                                                                           
Se marcan las horas, el tiempo no se detiene; el final y la paz en el mundo árabe parece ser un destino cercano. El despertar de los pueblos no ha terminado y los dictadores que ocupan el poder sin legitimidad afrontan una lucha final difícil de sostener... los revolucionarios rompen las reglas, no se trata de ir contra la ley, sino de crear nuevas oportunidades ... 





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